La
feminista radical Kate
Millet,
en su libro Política
sexual, indica que patriarcado es el sistema de dominación donde se
asientan
las demás
opresiones:
raza, clase, etc. No podemos tener una verdadera revolución
si no lo destruimos.
El
patriarcado es politica sexual, es la dominacion del colectivo
masculino sobre el colectivo femenino.
Sociedades
como las de Arabia
Saudí
o Afganistan,
son patriarcados de coerción,
y, en
casos como España,
tenemos un patriarcado del consentimiento, los
sistemas patriarcales se basan en coerción
y consentimiento, ambas
expresiones conviven en el mundo.

En
otros países,
como España,
donde las leyes condenan la violación
de una mujer
y pensamos
que estamos en un
sistema igualitario…
Pero, las mujeres
violadas suelen ser juzgadas socialmente y responsabilizadas de las
agresiones,
tanto, que la mayor parte de las mujeres agredidas ni siquiera se
atreven a denunciar, y
para las que denuncian, la
mayoría
de las
condenas son nulas y muy pocos condenados van
a prisión.
Los
sistemas patriarcales de consentimiento siguen usando las estrategias
coercitivas, una violacion es una herramienta social, limita la
calidad de vida de las mujeres como ciudadanas que no pueden
transitar con libertad, nos limita
de nuevo al hogar,
a lo doméstico,
a depender del varón
para nuestra propia seguridad. Al mismo tiempo,
es la manera de conseguir que las mujeres accedan a la prostitución
por consentimiento, las mujeres que ejercen o han ejercido la
prostitucion han sufrido violaciones en su infancia o adolescencia.
La
brecha salarial o el techo de cristal,
son estrategias
coercitivas en los patriarcados de consentimiento, salarios más
bajos o trabajos menos prestigiosos,
las obligan
a seguir subordinadas al matrimonio, dejándolas
vulnerables a sufrir violencia de género
al generarse
dependencia económica.
A
estos últimos, podemos
definirlos
como expresiones
de politicas
neomachistas o patriarcados de consentimiento, los
que no dejan de ser
sistemas patriarcales aunque
utilizan estrategias más
sutiles para conservar
el poder de los hombres sobre
a las mujeres.
La
segunda ola consiguió
logros importantes para las mujeres en todo el mundo, no solo por sus
análisis
sobre el sistema
de opresión patriarcal,
sino por
las propuestas respecto a
como debíamos
confrontarlos.
Por
ejemplo, las ideas respecto a que
el género
es la base del patriarcado y/o
una de
herramientas
centrales.
Sin
embargo, en la
actualidad vivimos un resurgimiento del género, donde las mujeres en
aparente igualdad son sometidas a traves de los roles de género:
"El
colectivo femenino exhibe características psicológicas propias de
las minorías discriminadas. La interiorización de los valores
patriarcales impide la autoestima ya que las mujeres se menosprecian
y subestiman a las demás. Como los miembros de otros grupos
oprimidos, las que han tenido éxito y han destacado en el terreno
profesional o artístico, suelen declararse "femeninas",
entendiendo por ello "antifeministas", para subrayar su
aceptación del orden patriarcal. De esta manera, se transforman en
útiles coartadas del patriarcado para negar la discriminación de
género" (Politica
sexual,
Millet).
En
esta línea, recientemente
surgió
una polémica
con el certamen de Miss
Perú,
las concursantes
del certamen de belleza
en vez de indicar sus medidas, dieron datos sobre la violencia de
género del país.
A simple vista,
podríamos
pensar que
se trata de una
estrategia feminista, pero como bien citamos arriba,
son las coartadas que
usa el patriarcado
precisamente para negar la opresión
del género.
Analicémoslo
detenidamente.
El
concurso de belleza es una estrategia de consentimiento, son las
propias mujeres las que acceden voluntariamente a los mandatos
patriarcales (cánones
de belleza, sexualización,
juventud, feminidad), en ningún
caso es una herramienta que dé
poder a las mujeres, todo
lo contrario,
beneficia al patriarcado
otorgándole un rostro amable.
Como
bien indicó
Audre Lorde:
“Las
herramientas del amo nunca
desmontarán
la casa del amo"…,
y es
que el amo nos lleva mucha ventaja.
Esta
es una estrategia de crisis (ante
la pérdida
de privilegios o poder del sistema patriarcal).
Las
feministas peruanos han logrado,
en los últimos
años,
mostrar que el sistema ha sido cómplice
de feminicidios:
las mujeres se ven obligadas a abortar clandestinamente poniendo en
riesgo su vida,
lo que implica una coerción
en su
contra.
Es
el caso de Evelyn Beatriz Hernández Cruz,
quien fue condenada a
30 años de cárcel por aborto,
y la increíble condena motivó
una
cadena mundial de protesta,
o las
víctimas de las esterilizaciones forzadas
en el Perú de Alberto Fujimori. La ONU manifesto su preocupación por la situación de los derechos humanos de las mujeres en Peru, la ley contra la violencia de género no contempla la violencia psicológica como violencia de género, lo que dificulta las denuncias y protecciones de las mujeres.Y esto ha suscitado un debate en torno a la pena de muerte en Peru, totalmente contradictorio al movimiento feminista que esta en contra de la pena de muerte.
Jessica
Newton indica que regresa al certamen con esta estrategia para
empoderar
a las mujeres,
pero,
si analizamos desde los
conceptos antes expuestos: ¿cómo
podemos empoderarnos con las herramientas que nos oprimen? Pues,
no podemos, esto no
es, simplemente,
una estrategia de marketing para ofrecer otra realidad de los
certámenes
de belleza.
Es un estrategia del sistema patriarcal peruano, para ofrecernos un patriarcado de consentimiento donde el Estado se "preocupa" por la opresión de las mujeres. El opresor consigue que la oprimida acceda de nuevo a los mandatos patriarcales, si no podemos luchar contra el patriarcado, nos adaptamos a sus estrategias y lo suavizamos con falacias de empoderamiento femenino.

Pero,
somos las feministas las encargadas de frenar las estrategias del
neomachismo, señalarlas como opresivas e informar al resto de
mujeres que para nada son igualitarias,
sino que nos vuelven a posicionar una y otra vez en los roles
patriarcales.
Lo
mismo ocurre con la prostitución,
ahora se le llama “trabajo
sexual”
y se habla de la libertad de decisión
de las mujeres sobre sus cuerpos, cuerpos que son utilizados para los privilegios masculinos.
De nuevo,
aparece la imagen de esas mujeres útiles coartadas del patriarcado
para negar la discriminación de género, que sirven de referencia a
otras mujeres para que sigan voluntariamente accediendo a los
mandatos patriarcales.
Debemos
de salir de esa violencia cíclica,
donde volvemos una y otra vez a perder contra el patriarcado,
identifiquemos,
pues, cuando lo tenemos frente a nuestros ojos,
al
patriarcado con piel de feminismo.
Recomendaciones de lecturas:
Política sexual de Katte MilletNeoliberalismo sexual: el mito de la libre elección de Ana de Miguel